Ventajas de aportar creatividad a perfiles no creativos

Ventajas de aportar creatividad a perfiles no creativos

Al contratar ciertos perfiles no se valoran adecuadamente las cualidades artísticas de los candidatos, a pesar de que estas serían de más utilidad en el desempeño de su función que otras más objetivas que sí se exigen en los procesos de selección.

Como dijo Espido Freire en la charla que impartió recientemente en el marco del Máster en economía creativa, gestión cultural y desarrollo de la Universidad Rey Juan Carlos, «si añades creatividad a perfiles que no deberían ser creativos, ocurren milagros».

Los departamentos de recursos humanos deberían valorar las dotes creativas de los candidatos desde las primeras fases de los procesos de selección. Sin embargo, lo más habitual es que los baremos que dicen si una persona es válida o no sean objetivos (sus títulos, el conocimiento de los idiomas…), estén pactados y no dejen mucho espacio para la creatividad. «Hay una mentalidad de blanco o negro», dice la escritora, «de competitividad objetiva. Y sin emoción no es posible ninguna forma de creación auténtica».

Valorar la faceta creativa alargaría y dificultaría los procesos de selección y requeriría, además, una formación más especializada de los seleccionadores. Quizá ese sea el motivo de que la creatividad sea solo un accesorio: todo lo que se base en información subjetiva y no demostrable entraña riesgos.

Hay puestos de trabajo que sí están directamente ligados a la creatividad (publicistas, diseñadores…) pero, en la mayoría de los empleos, las habilidades creativas de los candidatos son una mera anécdota. Algo sin valor, una curiosidad que se descubre meses después por casualidad. Y eso es un error: una persona creativa será más rápida buscando soluciones a un inconveniente, será más efectiva, no se anclará en la rutina, estará siempre dispuesta a innovar y probar caminos nuevos y aportará puntos de vista más arriesgados y diferentes.

La creatividad no solo es importante en la contratación de perfiles, sino también en el día a día de una empresa.Puede utilizarse en muchos procesos. Basta, simplemente, con detenerse cada cierto tiempo y cuestionarse si la forma en que se ha hecho siempre es la más adecuada. Con hacer un brain-storming, con preguntar a los empleados de un departamento su opinión sobre decisiones que corresponden a otra sección o con escuchar el parecer de familiares o desconocidos ajenos a un proyecto. A menudo, un punto de vista externo al asunto tratado aporta la clave para llegar a una solución.

Otra técnica de creatividad que puede ser aplicada al ámbito laboral es la de los Six thinking hats («seis sombreros para pensar») de Edward del Bono. Se trata de analizar un asunto desde varios puntos de vista diferentes: de forma optimista, crítica, objetiva… Por ejemplo, en una reunión pueden establecerse turnos para que los presentes hagan sus observaciones desde la perspectiva que toque en cada momento. Hacer esta fragmentación es útil para no caer en el error de ver solo lo negativo de algo o, al contrario, en el de dejarse cegar por el entusiasmo colectivoante una idea que, en realidad, no es tan buena.

Para que los empleados de cualquier departamento se muestren creativos, es necesario favorecer un clima de confianza y promover esos momentos de reflexión e innovación: si se atreven a proponer algo y no notan a sus superiores receptivos, sino que reciben una respuesta desdeñosa, no lo intentarán en el futuro y cultivarán poco a poco una indiferencia hacia todo lo que tenga que ver con la innovación y la mejora, limitándose de forma estricta a las tareas inherentes a su puesto.

El arte es cosa de todos. Si se quieren hacer las cosas bien, no es aceptable que una empresa haga una presentación ilegible solo porque no intervino en ella un diseñador o que difunda una información corporativa con una redacción mediocre porque no la haya redactado un escritor. Esas cosas ocurren, precisamente, porque al contratar ciertos perfiles no se valoraron sus cualidades artísticas a pesar de que estas serían mucho más útiles para el desempeño de su puesto que otras más objetivas que sí se exigen en el proceso de selección. Piensen en las ventajas de que un community manager tenga nociones de diseño, de que una persona de administración sepa redactar de forma clara y hermosa o de que un responsable de marketing tenga la mente abierta a fabulosas «ideas de bombero».

El arte y el buen gusto nos conciernen a todos. Da igual que seas programador o panadero. «Cualquier persona que no sepa expresarse con propiedad está perdiendo puntos», y a esa apreciación de Freire podría añadirse: «así como los pierde cualquiera que no valore un trabajo estéticamente cuidado o que no esté interesado en ser original». Si quieres ser un profesional destacado, debes cultivar y cuidar la creatividad al igual que lo haces con los idiomas, la formación complementaria u otras habilidades. Porque, si no lo haces, tu única solución será copiar lo que otros han hecho antes.

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